sábado, 13 de julio de 2019

“God bless you”

Esta vez me ha costado mucho sacar un rato para escribir la crónica sobre los últimos días en Inglaterra. La semana ha venido con la panza bien llena, cargada de acontecimientos que, en la medida de lo posible, quisiera compartir con el apreciado lector. Muchas cosas no han cambiado con respecto a las semanas anteriores, pero otras sí. Por ejemplo, mi amigo Wency volvió de sus vacaciones en Algeciras hace unos días. Se le ve más alegre, con más vitalidad y con más fuerzas. Mi soledad doméstica ha tocado a su fin; también por la llegada de Antonio, un amigo y colega de la Universidad de Madrid, que también ha venido a vivir en casa de Wency. Como decía, otras cosas siguen igual: entre ellas están mis visitas a la parroquia de Ss Michael and Martin de Hounslow. Reconozco que el otro día llegué a la iglesia especialmente cansado, tal vez con dolor de cabeza, y no me ayudó demasiado ver a todos aquellos indios venga a tocar las estatuas de los santos y a ponerles velas, una y otra vez. “A uno le dan ganas de hacerse protestante”, me decía a mí mismo. Sumido en estos pensamientos, más bien negativos, se me acercó una ancianita de muy baja estatura y de sopetón me dijo: “God bless you”. Aquello me rompió los esquemas, y salí de la iglesia muy contento.

Inesperado Fish and chips con Ximo, en la calle High Holborn

Lo que agradezco de estos días es que han estado llenos de encuentros con gente querida. Uno de estos encuentros fue con mi amigo Ximo, o “Chi-Mou”, como seguramente le llamarán sus futuros compañeros asiáticos de la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde dentro de unas semanas se va a empezar un doctorado en Economía. Me encontré con Ximo hace dos o tres semanas, pues pasaba por Londres por motivos de trabajo. Fue un encuentro algo atropellado, cerca de la parada de metro de Acton Town, y con bastante poco glamour: mientras el hambriento Ximo, que apenas había desayunado, se metía una hamburguesa de pollo entre pecho y espalda, nos pusimos al día sobre unas cosas y otras. Sorprendentemente, cuando yo ya pensaba que no volvería a ver a aquel despistado valenciano hasta dentro de mucho tiempo, recibí un mensaje suyo hace unos días: “¡Estoy por Londres! Podemos ir a cenar”. Era viernes, y fuimos a un pub en la calle High Holborn para degustar un clásico de la gastronomía isleña: fish and chips. Después dimos un paseo por la zona, llena de majestuosos colegios de abogados, hasta que nos encontramos con la estatua de santo Tomás Moro. Nos miraba con una sonrisa contenida, desde su hornacina: “¿Por qué no entráis a tomaros una cerveza?”. Debajo de su estatua hay otro pub muy gracioso, pequeño, con pelucas de jueces y carteles de cine sobre películas de juicios. Además, un elegante gato blanco y negro se paseaba por los grifos de cerveza mientras los clientes le hacían carantoñas y jugaban con él.

Reencuentro con Colin, en la Film-Philosophy Conference en Brighton

De todo lo sucedido, creo que hay algo que destaca de modo especial: mi visita a la Film-Philosophy Conference en Brighton, el martes pasado. No sé si el lector habrá tenido esta sensación, pero creo que hay veces en la vida en que uno se lanza a tomar decisiones que ni se hubiera imaginado horas antes, y resulta que son decisiones que traen un gran bien. Desde mi fe, pienso que se trata de la acción de Dios, que nos lleva y nos trae, hacia bienes que ni sospechamos. Pues bien, poco después de llegar el lunes a Brunel University, decidí comprar unos billetes para ir a Brighton al día siguiente, a un congreso sobre cine y filosofía al que he acudido en años anteriores. No tenía dinero para quedarme en Brighton los tres días que duraba, así que hice un viaje en el día, de salir por la mañana (desde la estación de Victoria) y volver por la noche. Pude reencontrarme allí con algunos colegas interesantes: como Catherine, Armando, Andrew, Daniele... También estaban Chantal y Dani, dos jóvenes doctorandos de Barcelona, muy simpáticos; a ella le conozco porque hemos recibido la misma beca de doctorado. Me dio una alegría especial reencontrarme, después de tres años, con Colin. Él es guionista y ¡ojo al dato! sacerdote de la Iglesia anglicana. Me regaló su último libro, sobre la fe en la película Stalker de Andréi Tarkovski (titulado Perfect in Weakness). Con ganas de un próximo reencuentro para seguir conversando, nos despedimos por la tarde en Brighton. “God bless you”, le dije, devolviéndole aquello que la ancianita me había regalado unos días antes.

El escudo de Oxford, en mi visita a la Universidad hace poco
Quedan cosas en el tintero, unas cuantas. El jueves fui con Antonio a pasar el día a Oxford. Nos encontramos allí con un profesor de Oxford Brookes University, llamado Paolo, para hablar sobre un proyecto de investigación en el que estamos metidos los tres, sobre la crisis de la identidad de Europa y cómo esta se refleja en el cine de los últimos años. Un día después hice otro plan memorable con Antonio: fuimos a cine Imax del Science Museum de Londres para ver la película Apollo 11, sobre la llegada del hombre a la luna. Una experiencia increíbe, muy emocionante. También me despedí el viernes pasado del maestro Juan Martinez, el que estaba allí. Me terminé el libro de Chaves Nogales, con cierta pena; me había encariñado con el maltrecho bailaor de flamenco.

El gato de Tomás Moro, algo alcohólico...

Fachada de la Bodleian Library, en Oxford

Una de las sesiones en la Film-Philosophy Conference

Con Antonio, visitando la Bodleian Library

Ealing Common, la belleza del verano inglés

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