martes, 7 de junio de 2016

"Et in Arcadia ego"

Rondaba por mi cabeza la idea de escribir un segundo relato de mis andanzas oxonienses, pero quería esperar algunos días para poder contar algún suceso jugoso. A día de hoy –martes, casi una semana de mi llegada a este lugar– los sucesos son ya unos cuantos, así que allá vamos.

El púlpito de St Mary, desde donde predicó Newman
La inmersión en el mundo oxoniense es lenta, más aún si se trata de alguien como el que suscribe, con una capacidad de adaptación lenta y un poco atrofiada. El primer día en Oxford fue, como era de esperar, caótico: llegué a las oficinas de admisión de la biblioteca –la Bodleian Library–, donde me recibió una señora no demasiado sonriente. Antes de darme el carné de reader –gracias al cual puedo acceder a las diferentes bibliotecas de la Universidad–, dicha señora me hizo prometer en voz “alta y clara” –y en mi propio idioma– que no introduciría fuego en la biblioteca, que no fumaría en ella y que no dañaría ningún volumen… Parecía incluso dispuesta a hacerme jurar los treinta y nueve artículos de la Iglesia de Inglaterra, pero cogí mi preciado carné y salí rápidamente de allí. Volví a mi casa, donde estuve estudiando hasta la tarde; entonces me decidí investigar un poco y, después de visitar la iglesia universitaria –St Mary– acudí a una biblioteca que podría serme de interés: la English Faculty Library. La verdad es que di en el clavo, pues allí encontré un montón de estanterías clasificadas bajo el letrero de “Film Studies”, mi tema en cuestión.

Así que, desde entonces, mi plan habitual es ir a esa biblioteca durante el día y, a media mañana, hacer un parón para comer un triste sándwich. Pero no me puedo quejar: entre otras cosas, el camino que recorro para llegar allí es impresionante. Paso por delante de algunos de los colleges más importantes –Christ Church, Oriel, Corpus Christi, Merton, Magdalen…– y me topo con más de un estudiante vestido de correcta etiqueta para examinarse. Aunque en España pueda sonar extraño, el modo que tienen los oxonienses de recordarse que el día de examen es realmente importante es poniéndose una pajarita blanca, un traje negro con una flor en el ojal y una toga. Más extraño –o divertido, quizá– es volver a encontrar a estos mismos estudiantes unas horas después, en mi camino de vuelta. El atuendo es el mismo, aunque con algún aderezo: serpentinas, una botella de vino o champán en la mano, caras pintadas de colores… ¡El festival del saber!

Magdalen College, en uno de mis paseos a la biblioteca
Quisiera también dar alguna pincelada sobre el fin de semana. El sábado a la hora de comer dejé a un lado mis quehaceres académicos y me puse a desatascar tuberías en la casa. Es bueno variar, y no estuvo tan mal. Al día siguiente el director de la casa me invitó a dar la charla del retiro espiritual que habría el día siguiente por la mañana: todo un reto. Al final lo conseguí, no sé sin con mucho o poco éxito. El mismo domingo por la tarde organizamos un plan “delicioso”, como se dice por aquí: tres de la casa nos fuimos a recorrer varios pueblos cercanos a Oxford en bicicleta. Visitamos un prestigiosos internado –Radley College– con una iglesia victoriana impresionante, así como el pueblo de Littlemore, donde John Henry Newman se retiró durante tres años antes de hacerse católico.

Hoy, martes, ha sido un día también delicioso. Además del estudio, Daniel –que vive también en Grandpont– me ha invitado a comer a su college: St Hugh’s. No es muy antiguo –en Oxford, esto quiere decir que es posterior al siglo XVII o XVIII–, pero sí muy bonito. Allí hemos comido y tomado un café al fresco. Después hemos caminado por callejuelas cercanas y hemos visitado Keble College, fundando en honor de John Keble, amigo de Newman y promotor junto con él del llamado Movimiento de Oxford. Hemos entrado en la majestuosa capilla y, en una sala lateral, hemos podido ver el famoso cuadro pintado por William Holman Hunt: The Light of the World (La luz del mundo). Cuando paseábamos, en el camino de vuelta, le he dicho a Daniel que Oxford es como una arcadia, un lugar bello y feliz, lejos del mundanal ruido. "Así es", ha sido su respuesta.

4 comentarios:

  1. Dear Paulus: te veo tan imbuido de Brideshead que hasta en los títulos vas a seguir sus pasos!
    A mi me da un poco de envidia de la buena tu Arcadia, ¡me encantaría estar allí! Aunque no debes olvidar que el "Et in Arcadia ego" es un tópico literario se refiere !a la muerte! Son palabras que se le atribuyen a la señora muerte como dichas por ella al que se deleita en la Arcadia... Mira el cuadro que Poussin pintó sobre el tema a comienzos del XVII
    Saludos envidiosos... :)

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  2. Pues mi sugerencia es que el próximo título se titule «Ars gratia artis» que además de ser un latinajo simpático tiene una innegable connotación con el mundo cinematográfico... ;)

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  3. Pues mi sugerencia es que el próximo título se titule «Ars gratia artis» que además de ser un latinajo simpático tiene una innegable connotación con el mundo cinematográfico... ;)

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  4. Lo tendré en cuenta! No suena mal... Un abrazo Juan, y gracias!

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