viernes, 3 de junio de 2016

Retorno a Oxford (Oxford Revisited)

“He estado antes aquí”, podría decir yo también al igual que Charles Ryder, el protagonista de la novela de Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead. Es cierto, no es la primera vez que viajo a Oxford, aunque sí que es la primera vez que viajo allí por dos meses. Por ello he pensado que tal vez merezca la pena que, de vez en cuando, escriba algunas líneas sobre mis días oxonienses, para poder compartir con el lector amigo esta experiencia tan ilusionante.

Poco puedo decir de mi viaje hasta aquí; el vuelo desde Madrid fue muy tranquilo. Al tiempo que despegada el avión, me acordé de aquel conocido poema compuesto por John Henry Newman –otro ilustre de Oxford, que seguramente volverá a aparecer en este blog–, titulado “Lead kindly, Light” (“Guíame, Luz buena”), y traté de decirlo por dentro mientras despegábamos. A mi lado de sentaba Alberto, un diseñador de Madrid que, según me contó, iba tres meses a Brighton a buscarse la vida: “Lo importante es experimentar, tío”, recuerdo que me dijo.

Los meadows de Christ Church College, con Merton College al fondo
Al salir del avión fui rápidamente a las dársenas de autobuses, donde cogí por los pelos el bus que va del aeropuerto de Gatwick hasta Oxford. Poco después de arrancar, un chaval con cara de hispano me preguntó en inglés (con acento también hispano) si se podía utilizar el baño. Yo le respondí en español, nos sentamos juntos y empezamos a contarnos qué nos traía a Oxford. Julio, así se llamaba, me contó que estaba terminando un máster en ingeniería mecánica en Oxford Brookes University; había pasado el fin de semana en Madrid y volvía a Oxford para el trabajo fin de máster. Yo le conté los motivos de mi viaje, tal vez un poco diferentes: una estancia de investigación –“turismo académico”, como me lo definía ayer un amigo con experiencia en el tema– para mi doctorado en Film Studies (así se llama esta curiosa disciplina), sobre la filosofía del cine de Terrence Malick.

Supongo que a todos nos gusta reconocer nombres y lugares que ya conocemos, y que nos traen buenos recuerdos. Así, cuando el conductor del bus me dijo que me tenía que bajar en St Aldate’s Street, yo asentí con gran seguridad. Y ahí me bajé: St Aldate’s, junto al Christ Church, el college más grande de Oxford, fundado en 1517 por el Cardenal Wolsey. Unos pasos más y estaba cruzando el río Isis –ramificación del Támesis– por Folly Bridge; unos pocos más, y llegué a Grandpont House, la residencia del Opus Dei en Oxford, mi casa durante los próximos dos meses. Allí me recibió Paul, quien me enseñó mi habitación, después la casa, y me dio unas llaves. La tarde primera tarde en Oxford concluyo con un largo paseo: los campos –meadows, se llaman– de Christ Church, High Street, Cornmarker Street y una visita a St Mary Magdalen, la iglesia anglicana más católica (anglocatólica) de Oxford y, probablemente, de toda Inglaterra.

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