![]() |
| Grandpont House, vista desde el río Isis |
Llego con retraso a la “blogoterapia” semanal, lo siento. Digamos que los últimos días ha habido cosas que hacer, y no pocas. Tal vez la más destacable sea la limpieza de escombros de ayer por la tarde. Como se imaginará el atento lector, una casa construida a fines del siglo XVIII –como lo es Grandpont House, mi casa durante estas semanas– puede dar algún que otro "problemilla". La cosa empezó ayer, domingo por la mañana, cuando Alex se estaba duchando. Una pequeña fuga de agua había estado empapando en entresuelo durante todos estos días. Y así, sin previo aviso, el techo de una de las habitaciones del piso inferior se vino abajo. Quizá esté exagerando un poco –no se desprendió todo el techo, sólo una parte–, pero el espectáculo que ofrecía el interior de la habitación era impactante: uno podría pensar que la Luftwaffe había lanzado una bomba contra la casa, que los oscuros años del blitz habían vuelto para quedarse. Jim me pidió que limpiara los escombros y pasara la aspiradora, así que ayer cambié mi terapia bloguera por otra más “pegada al terreno”.
En episodios anteriores he relatado algunos sucesos notables, que jamás hubiera esperado presenciar; tal vez esta semana haya sido un poco más rutinaria, aunque no han faltado toques de color aquí y allá. El primero de ellos tuvo lugar el lunes por la tarde: con motivo de la fiesta de san Josemaría Escrivá, los habitantes de Grandpont y aledaños habían organizado una Misa solemne en la parroquia dedicada al Beato Dominic Barberi, en Littlemore (las afueras de Oxford). Fue una Misa de alto copete, ya que vino el arzobispo de Birmingham, Bernard Longley, a celebrarla, junto con otros tantos sacerdotes y diáconos. Tanto ministro que el espacio se quedó un poco pequeño, y los diáconos se disputaban las tareas, no sin cierta tensión. Aitor, que vive conmigo en Grandpont, entonó algunos cánticos y maravilló a todos los asistentes con su voz: el mismo arzobispo quería felicitarle en persona.
![]() |
| Estatua que representa a Newman arrodillado frente a Dominic Barberi |
![]() |
| The Mitre, en la céntrica High Street |
Y de fiesta en fiesta, llegó el día de san Pablo (y san Pedro, aunque me atañe un poco más el primero). La verdad, me daba bastante bajón comerme un triste sándwich junto a la biblioteca Taylorian, sentado en los peldaños del llamado “monumento a los mártires (protestantes)”, como hago muchos días. Así que fui con Aitor y Father Ruben a un lustroso pub oxoniense: The Mitre. Allí nos metimos unas suculentas hamburguesas con pinta de cerveza entre pecho y espalda, y rematamos la faena en una cafetería próxima, con unos cafés y varios trozos de tarta. Me hizo especial ilusión saber que la primera vez que san Josemaría visitó Oxford, comió en este mismo lugar. Aunque no sé que comió... pero si era viernes, seguro que fish and chips.
![]() |
| Sir Roger Scruton, durante la entrevista en Blackwell's |
Sin ánimo de alargar el relato mucho más, quisiera hablar de uno de esos sucesos extraordinarios que uno se topa por Oxford. Hace varias semanas me enteré de que un filósofo de renombre en el panorama actual –Sir Roger Scruton, autor de El alma del mundo, entre otros libros– iba a acudir a la famosa librería Blackwell’s a tener allí una entrevista con público, seguida de una ronda de preguntas. Cuando anuncié el acontecimiento en la casa, varios se vinieron conmigo, y valió la pena. Scruton es un hombre de mente despierta, muy agudo, y certero en su diagnóstico del estado actual de la filosofía y la cultura. Digamos que no es un pensador "políticamente correcto": un hecho que, como explicó, le ha llevado a abandonar la Universidad, pues su presencia resulta incómoda para algunos académicos, y más de una vez le han ninguneado. Al terminar la sesión, se sentó en una mesa a firmar libros. Me acerqué con un libro y le dije mi nombre; pero Sir Roger, de oído poco fino, se hizo un lío y, al final, decidió cambiarme el nombre: en lugar de Pablo, ahora me llamo “Bablo”.




Torret Pompaelo nunc et umbratile quidem Oxonium gratissimum videtur...
ResponderEliminar